Abu Simbel

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Sobre las aguas del lago Nasser, construido en el siglo XX, tres enormes estatuas de Ramsés II extienden la mirada, desde sus templos de roca de más de 3000 años de antigüedad. Han subsistido gracias a la más espectacular labor de reconstrucción y mudanza del mundo.

 


En 1963 estas y otras obras antiguas quedaban sentenciadas por la crecida del río Nilo, aguas arriba por la construcción de la nueva presa de Asswán. De entre todos los tesoros de valor incalculable, los más importantes eran los dos templos de Ramsés.

 

 

 

 

Anteriormente, en 1959, se inició una campaña internacional de recaudación de fondos con la idea de trasladar estos monumentos. El salvamento de los templos de Abu Simbel se inició en 1964 y costó la suma de 36 millones de dólares. Entre 1964 y 1968, una empresa de construcción sueca fue la encargada de trasladar el Pequeño Templo con la estatua de Nefertiti y el Gran Templo con las de Ramsés (tres estatuas completas y una mutilada de 2o metros de altura). Los ingenieros lograron arrancar del monte 330.000 toneladas de piedra y trasladar gran parte de los templos.

 

 

 


Esta operación costó cerca de 40 millones de dólares y se emplearon cuatro años y medio en dividir los templos en algo más de 1.000 piezas, algunas de las cuales llegaron a pesar 33 toneladas. Este inmenso material fue reconstruido pieza por pieza 210 metros más arriba, en la escarpada superficie de la roca.

 

 

 

 


Cuando ya estaban iniciadas la obras de recolocación de las piezas, el gobierno egipcio decidió elevar aún más el nivel de las aguas, y el Pequeño Templo tuvo que volver a ser desmontado y emplazado dos metros más arriba. Las obras del traslado se adelantaron tres meses a la subida de las aguas. Al mismo tiempo hubo que reproducir el aspecto del acantilado original. Encima del Gran Templo se construyó una cúpulas de 60 metros de diámetro y sobre ella una montaña artificial de roca y manpostería. En 1968 se dió por finalizada la obra, una vez que se sellaron y ocultaron las numerosísimas lineas de junta que aparecían en la superficie de los templos.

 

 

 


Hoy en día, los colosales guardianes de piedra siguen sorprendiendo a los miles de visitantes que se siguen maravillando ante tan colosal estructura que a pesar de todo este proyecto sigue deteriorándose debido la erosión causada por la filtración de las aguas del lago Nasser.

 

 

 

Por ello podemos afirmar que Abu Simbel, es una obra doblemente faraónica.

 

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